jueves 27 de agosto de 2009
ALABAMA habría sido un buen lugar para empezar,
pero nos quedaba lejos, sus orillas
no rozaban con las nuestras, con las ganas
de dejar aquel temblor mientras el cuerpo se vaciaba.
Aquel rumor de viandantes vencidos agotó
la paciencia del desierto, la fatiga de lo ajeno.
Inútiles, las sombras terminaron por extinguirse mientras
paseabas,
indiferente a la suavidad de aquella piel cercana.
Y bajamos la noche con nuestras manos,
en aquel bastión abarcable por el fuego que serenaba
la frialdad ante la mudanza de piel,
como quien
se resiste a abandonar el puñado de tierra que guarda en su mano.



